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lunes, 4 de abril de 2011

EWL en Berlín IV: Tap Water

Está claro que no vas a ir a un restaurante indio en Berlín y te vas a quejar porque la comida, incluso si la has pedido “not spicy at all”, pique. Viene en el pack. Y de hecho al señor Sastre eso le da bastante gustito para sus orejas. Pero al señor Santi no, y eso me jodió un par de cenas allí, así que a partir de entonces cuidadín con el picante.

Pero lo dicho, ése no fue el meollo. La cosa, the thick of it, fue que claro, al picar un poquito el plato, la coca-cola que me pedí se me acabó pronto, y eso que era grande grande, de vaso del de Ikea de esos casquetudos. Así que decidí pedirme un vaso de agua. Yo pensaba que me dirían que no, que tenía que ser una botella y así pasar por caja, lo cual habría encontrado normal, así que cuando no pusieron objeción a mi petición de “tap water” puse cara de pillín, de haberme salido con la mía, la cara que ponen los chicos de la ESO cuando le piden besos a las chicas a través de notitas en clase que la tonta de la profe nunca atina a requisar (o sí).

Me llegó mi vaso de agua fresquita del grifo y disfruté de la comida como un buen indio europeo. La sorpresa vino cuando fuimos a pagar. En la nota venía bien clarito, sin trampa ni cartón. Glass of water.- 2.50 €. Lo mismo que la coca-cola. Me imagino a los camareros del restaurante hablando:

- Dame un vaso de agua para la mesa 3.
- ¿Un vaso? ¿No han pedido una botella?
- Qué va, han intentado hacernos el truco del agua del grifo.
- Estos españoles...la llevan clara.

Y tan clara.



sábado, 12 de marzo de 2011

EWL en Berlín II: Broken Glasses

La torpeza de aquí el escritor no conoce límites ni fronteras.

Berlín, Agosto 2010. Interior, día.

El protagonista entra en el baño y se dispone a lavarse la cara. Se quita las gafas, las cuales deja encima de la taza del wáter (con la tapa cerrada, claro) ante la cantidad de cosas que abarrotan los alrededores del grifo. Una vez limpia y seca la cara, el sujeto, aprovechando el viaje, decide cambiar el agua al canario, miccionar, mear.

Por una extraña conexión de las neuronas de su cerebro, se dispone a hacerlo sin ponerse las gafas, confiando en su legendaria puntería. El nivel de miopía y el Alzheimer hacen el resto. NO ve las gafas y NO se acuerda de donde las había dejado. Levanta la tapa de la taza para llevar a cabo su misión. Ve un objeto borroso volando (un OVNI) y acto seguido escucha un ¡crash!

Poco después sale por la puerta de la casa a comprar más líquido para las lentillas.


Dedicado a Eurocero y sus gafas.

jueves, 10 de febrero de 2011

Kebap in the back

Este verano nos fuimos a pasar unos días a Berlín. De hecho muchas de las nuevas canciones las escribimos allí. Esta experiencia dio para muchas anécdotas, y hoy hemos decidido haceros partícipes de una de ellas.

Vivíamos en el barrio turco de la ciudad, en un ambiente muy tranquilo y relajado. Comida barata por todos lados, garitos vintage para tomar café y cervezacas de medio litro por un mísero euro. Uno de nuestros pasatiempos favoritos era ir a comer fuera, ya os digo que es bastante barato, y lo hacíamos prácticamente todos los días. Chinos, hindúes, japoneses, todo tipo de restaurantes nos esperaban con los brazos abiertos para deleitarnos con suculentos platos. Por supuesto, la comida para llevar también nos tentaba mucho, y una noche decidimos cenar kebap.

Pero mira tú por donde aquí Santi estaba borrucho (ver el diccionario EWL-Castellano), vete a saber por qué. Al llegar al sitio el borruchímetro empezó a dar medidas peligrosas cuando el dependiente y nuestro protagonista no se podían entender. El Inglés del turco era inexistente, al igual que el Alemán de Mr. S. Al final, y tras un intercambio de signos y señales universales, consiguió pedir un kebap de ternera sin queso. La tormenta comenzó cuando lo que le entregó el dependiente fue un kebap vegetal con queso. Santi comenzó a increpar al señor cogiendo el queso con los dedos y sacándolo del kebap a la vez que diciendo con perfecta pronunciación “nain, nain”. Una vez que había quedado claro que eso no, dejó el bocadillo en el mostrador y se dio la vuelta indignado.

Pero claro, el señor de origen turco no había ido a Alemania para que vagos tocapelotas españoles le pegaran la bronca, por lo que decidió practicar un deporte muy extendido en Turquía, el “Kebap in the back”. Éste consiste en atizar a tu contrincante en la espalda con un kebap mientras el susodicho se está alejando corriendo de ti. Al ser campeón de su barrio de la especialidad y el blanco estar tan cerca, el acierto fue pleno. La salsa de yogur se derramó en una mancha blanca formando una circunferencia casi perfecta en la chaquetilla de Santi. Cuando éste se volvió indignado, el turco le señaló con el cuchillo de cocinero increpándole, ante lo cual el cagómetro pudo al borruchímetro y ahí quedo todo. “Vente para acá que hago un kebap contigo”, creemos que era lo que gritaba el dependiente.

Ya en España, Santi sigue viviendo su vida con toda la tranquilidad que puede después de la experiencia, aunque ha cogido animadversión a este tipo de comida.

En Berlín, el cocinero atleta continúa su labor de dar de comer a todo el que se presenta en su establecimiento. Además, fue tercero en el Campeonato Comarcal de Berlín de Kebap in the back.