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miércoles, 2 de febrero de 2011

Diccionario EWL-Castellano

-          Borrucho, estar; Estado a medio camino entre el enfado infantil y la indignación adulta. Cuando un individuo se encuentra en este estado (véase Santi), es mejor dejar que se le pase en la intimidad de su propia burrería.
-          Bullate; Culo respingón y asible.
-          Cabra, Sonido de la; Nuestro sonido de teclado favorito.
-          Centrífico; Pasta de dientes.
-          Comepúas; Monstruo chiquitín que se alimenta de púas (Ver entradas anteriores del Bloz).
-          Dinosaurio, Patas de; Alimento procedente del pollo que gustamos de cocinar en el horno.
-          Fanes; Dícese de los seguidores acérrimos de una banda.
-          Gachón, estar; Estado de cansancio en el que todo te hace gracia, hasta la cosa más tonta produce una risa ídem.
-          Gilf; Cuando tus amigas son Milf, las antiguas Milf ahora son Gilf. (Véase Milf).
-          Guisantis; Guisantes cocinados por Santi. Pueden contener cualquier cosa.
-          Gustera; Placer, bienestar.
-          Metadona; Nuestro supermercado favorito.
-          Microondas; Lavavajillas.
-          Milf; Señora que es mamá pero de buen ver, sin rulos.
-          Nigga Rice; arroz negro, como el pop de El Guincho.
-          Papakapakawahwah; Banda sonora de la cosa sessi. (Véase sessi).
-          Roz; junto al Roll, música salvaje y despreocupada.
-          Sessi; Caliente caliente, que destila sensualidad. Que asegura el palotismo.
-          Santísima Trinidad, La; Ketchup, mayonesa y mostaza.



lunes, 10 de enero de 2011

Bullates latinos




Como las películas de después de comer de A3 (nuestras favoritas), este relato está basado en un hecho real. 


Los conciertos son realmente imprevisibles. Y no me refiero a esas pequeñas incidencias controladas que siempre ocurren, sino a hechos incontrolables o, directamente, surrealistas.


Estábamos tocando en un sitio bastante majo aunque con ciertos imprevistos. Yo ya había tirado el micrófono al suelo, lo cual había irritado al técnico de la sala, y la gente que nos veía era carne de cubatas y pachangueo para mover el bullate latino, ya que nos habíamos pasado de la hora y las puertas estaban abiertas al público en general. Las caras de extrañeza al vernos sobre la tarima eran chonis. Sí, hay diferencia entre quien te mira con un rictus de “pobrecicos”, desde el lado pop de la vida, y el que proyecta una mezcla entre odio y burla, chonis faces, ya os digo. En esta tesitura nos encontrábamos cuando al comienzo de una canción poso la mirada al final de la sala, hacia unos bultos brillantes que habían llamado mi atención y que había visto por el rabillo del ojo.


Y allí estaban. Cinco culos cinco en pompa y carne, en fila, como dispuestos a ser parte del chiste del Apelo XIII. Pero lo más turbador, claro, es que se trataban de bullates femeninos, lo cual hacía extraña la visión, despojada de los pelazos y matojos propios de la situación. Ciertamente, hacían honor a su nombre. Cinco calvos como cinco soles.


Aguantando la risa aparté la mirada y seguí con lo mío, intentar afinar alguna nota que otra de vez en cuando. Cuando acabó el concierto intenté reconocer a las propietarias de los mofletes que había divisado, pero claro, me fue imposible. Por mucho que les explicara la situación, ninguna chica del local me dejó inspeccionarle el culo.