En todo frigorífico que se precie debe haber un vigilante. Éste será un producto que siempre se encuentra en el mismo sitio y que nunca se utiliza, mirando cómo entran y salen otros alimentos que son consumidos, pero recibiendo siempre el indulto en el último momento. Lleva tanto tiempo dentro del refrigerador que si no lo vieras ahí te sentirías extraño, inseguro. No es que te hayas olvidado de comértelo, es que prefieres que siga realizando la labor de vigilancia desde su privilegiada posición. Todo vale. Botes de cristal con sólo el agua de los pepinillos, envases de paté con una chispa de nada, salsas que jamás volverás a utilizar después de aquella infausta noche en la que no pudiste dormir por su culpa.
En el frigorífico de los EWL esta crucial misión la lleva a cabo una berenjena. Es de un tamaño considerable y por tanto su poder intimidatorio es mayor de lo normal. Nadie se atreve con ella. Quizá deberíamos decir mejor que más que una berenjena se trata de toda un prole de ellas, ya que cuando una se pudre compramos otra instantáneamente para ocupar su lugar. Nuestro cariño y reconocimiento es el mismo que para la anterior, máximo. Tanto es así que nosotros no llevamos la cuenta del tiempo con el calendario normal de 12 meses, ni siquiera con el Maya (eso de que prediga mal el fin del mundo no nos gusta), sino que lo medimos en berenjenas. De hecho hoy no es Lunes 31 de Enero, sino que es el quinto día de la tercera berenjena del año.
Por supuesto si llevamos hasta el extremo nuestro calendario podemos afirmar con rotundidad y sin miedo a equivocarnos que el mundo se acabará cuando se extingan las berenjenas, ya que no sabremos cómo medir el tiempo. Así que cuidad bien los huertos y cuando veáis una en el supermercado miradla de otro modo. Con veneración y respeto.
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lunes, 31 de enero de 2011
lunes, 24 de enero de 2011
La verdad sobre el (no) fin del mundo
Nosotros somos mucho de hablar del fin del mundo. Y no sólo esas noches en las que te tomas unas copichuelas y se te ocurren las ideas más tontas (te pones piripi, que diría mi madre), sino a diario, comiendo o mientras vemos Física o Química. Son tan interesantes nuestras disertaciones sobre el tema que arrastramos a las personas de nuestro alrededor, las cuales se lanzan a aventurar teorías. Por supuesto, en una de esas animadas charletas no ha faltado el comentario sobre la supuesta llegada del final en 2012, habiendo desembocado en la siguiente y aparentemente verdadera conclusión.
En 2012 no se acaba el mundo. Ea, lo sentimos, por mucho que el calendario Maya prediga que el nosequé de Diciembre del año que viene Game Over, no es así. Y tenemos la prueba irrefutable. Simplemente mirad el susodicho calendario.
- Ha quedado muy bonito, sí, muy bonito.
- ¿Verdad? Además está pensado para sacarle partido comercial, hacer chapas, tazas, etc…
- Si, si, ha quedado muy molón, pero le veo un problemilla. Es un poco pequeño, ¿no?
- ¿Cómo pequeño?
- Sí, pequeño. ¿Qué años abarca?
- Del 3114 a .C. hasta el 2012 d.C.
- ¿Qué significa la “C”?
- Cristo.
- ¿Quién es Cristo?
- No lo sabemos, pero el oráculo nos hizo poner eso.
- Bueno, pues nada. Como sea, pero es poco.
- ¿Poco, hasta el 2012?
- Poco poquísimo.
- Pero muchacho, ¡que quedan 5000 años!
- Ya, pero nosotros queremos que dure para siempre…
- Eso se lo explicas a los que tengan que tallar luego los pedruscos con el calendario de marras. Menudo trabajazo, quita, quita. Así, de tamaño medio, es más manejable.
- ¿Y no hay otra solución?
- Mmmm, no sé. Bueno, mira. Vamos a hacer una cosa. Dejamos este como está, nos tomamos un descanso y al volver hacemos otro que dure 5000 años más. ¿Vale?
- Ok, eso está bien.
- Perfecto entonces, saca el Saka y el maíz y vamos a merendar, luego seguimos.
Y claro, una cosa llevó a la otra, la merienda se convirtió en merienda cena y luego derivó en fiesta parda. Al día siguiente se presentó el nuevo calendario y ante su éxito lo de fabricar otro se dejó correr, y así hasta nuestros días.
Esto tuvo que ser así, seguro. Y nosotros ahora dándole vueltas al temita…
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